Suc de Síndria (2019), cortometraje de Irene Moray

Suc de Síndria es el segundo cortometraje de Irene Moray. La directora es una de las revelaciones del último año. Con su último trabajo, ha recorrido algunos de los festivales más importantes tanto a nivel nacional como internacional como, por ejemplo, el Festival de Cine de Berlín. Además, está nominada a los premios Goya y parte como favorita en los premios Gaudí.

Irene Moray comenzó a estudiar Bellas Artes, pero en 2012 se fue a Berlín buscando un futuro profesional. Allí comenzó a trabajar como fotógrafa y, poco a poco, fue introduciéndose en el mundo del cine. Colaboró en varias producciones como Snowflake (2017) y Julia Ist (2017). Hasta que en 2018 dio su salto a la dirección con el cortometraje Bad Lesbian, película que ella misma protagoniza. Con Suc de Síndria, vuelve a su tierra natal y firma su segundo trabajo como directora.


Es difícil hablar de Suc de Síndria sin caer en el spoiler, por ello os recomendamos verlo antes. Esto no es publicidad, pero podéis encontrar este cortometraje en Filmin. Verlo os costará 0,95€, menos de lo que os cuesta un café o una caña, y si tenéis una suscripción, no sé que hacéis que no lo habéis visto ya. A partir de aquí, vamos a zambullirnos de lleno en el spoiler.

Barbará sufrió una violación, desde entonces afrontar sus relaciones sexuales no ha sido fácil ni placentero. Pol, la pareja de Bárbara, que no se atreve a bañarse en mares o ríos, porque tiene miedo de no saber lo que habrá debajo de él. Bárbara y Pol pasarán un fin de semana con sus amigos. Estas breves vacaciones, en las que estarán rodeados de la naturaleza, les servirán para cerrar heridas del pasado y reconectar sexualmente.

En Suc de Síndria, Moray habla sobre superar traumas, pero lo hace de forma vitalista. El pasado puede ser una pesada carga, y desprenderte de él es complicado. La película nos presenta este pasado con sinceridad y naturalidad, sin esquivar los problemas pero sin recrearse en ellos. Además, este relato no se cuenta desde un punto de vista victimista, sino que se centra en la historia de superación.

La película tiene 3 escenas de sexo que sirven de guía para que la historia se desarrolle y enmarcar narrativamente el relato, pero son más un medio que un fin. Moray se apoya en estas escenas para hablarnos de cuestiones universales como el amor, la amistad, la confianza o la naturaleza. Porque Suc de Síndria nos habla, y lo hace esencialmente con sus diálogos.

Unos diálogos que desnudan a los personajes más que las escenas de sexo. Porque Moray basa su película en la fuerza de la palabra. Centrándose en ese momento en el que dices lo que sientes y expresas tus sentimientos. Ese instante que a veces es tan complicado, y casi siempre muy necesario.

La experiencia como fotógrafa de Irene Moray hace que también este a cargo de la dirección de fotografía. La directora dota a la película de texturas diferentes y únicas en cada secuencia. Además, hace un gran uso de la luz natural en muchas de las escenas, haciendo que dominen los tonos claros y mates. Otorgando al cortometraje de una estética que nos recuerda a su obra fotográfica.

Elena Marín y Max Grosse Majench en Suc de Síndria, cortometraje de Irene Moray
Elena Martín y Max Grosse en Suc de Sindría (2019), de Irene Moray

Hay que destacar la labor que hacen los dos actores protagonistas, que consiguen llenar de vida a sus personajes. Elena Martín interpreta a Bárbara, un personaje vital, divertido e inteligente. Una mujer fuerte, capaz de vencer sus problemas e incluso de reírse de ellos. Max Grosse Majench es Pol, un hombre con suficiente inteligencia emocional para ser capaz de apoyar y ayudar a Bárbara cuando lo necesita.

Al final, nos encontramos ante una historia sobre los pequeños placeres y el entendimiento. Pequeños placeres como, dejarte flotar sobre el agua de un lago o beber el zumo de una sandía fresca en una tarde de verano. Y un entendimiento entre hombres y mujeres, capaces de sumar en lugar de restar.

Es magistral el trabajo de Moray para contar esta historia. Con una narrativa directa pero, a su vez, delicada y sutil, que nos deja ante uno de los mejores cortometrajes de 2019. Nosotros no podemos dejar de recomendarlo, además se postula como uno de los favoritos para alzarse con el Goya el próximo 25 de enero.

Si queréis conocer más sobre la obra de Irene Moray, podéis visitar su página web. De momento, nosotros seguiremos de cerca su trabajo porque, sin duda, estamos ante una de las jóvenes promesas del cine nacional.

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