‘Gastos incluidos’, de Javier Macipe, una solución distópica para compartir piso

Encontrar un piso con buen precio, en el centro y con todas las facilidades que ofrece la gran ciudad, se ha convertido en una utopía. Este es el tema de Gastos incluidos es el nuevo cortometraje de Javier Macipe, una sátira con toques de ciencia ficción sobre el problema del alquiler en las grandes ciudades.


Como si se tratase de un capítulo de Black Mirror, Gastos incluidos nos plantea una nueva forma de compartir piso: ignorando a “El Otro”. Una agencia inmobiliaria invita a los inquilinos a vivir ignorando a su compañero de piso. No puedes hablar con él, no puedes tocar sus cosas, no puede haber contacto físico. Mientras tanto, una app se encarga de informarte sobre los cambios que se produzcan en tu piso o con “El Otro”. Una idea descabellada, pero no tan alejada de nuestra realidad.

Javier Macipe dirige este cortometraje con grandes dosis de humor, aunque, también, con una fuerte crítica social. La soledad, las desigualdades o la falta de empatía, sobrevuelan la película, y con unas pequeñas pinceladas, Macipe consigue retratar algunos de los problemas de la sociedad actual.

El director zaragozano ya había dirigido varios cortometrajes con anterioridad como Os meninos do rio. Una película sobre los menores de clases desfavorecidas que se dedican a saltar desde el puente Luis I de Oporto al río Duero. Además, el año pasado estreno Estrella Azul, un largometraje sobre la vida del músico zaragozano Mauricio Aznar.

En Gastos incluidos destaca la interpretación de los actores protagonistas, Ramón Barea y Roberto Cabrera, que se encargan de dar vida a los inquilinos. Barea y Cabrera consiguen crear una relación de complicidad entre ellos sin llegar a interaccionar delante de la cámara. Un ejercicio arriesgado, pero que funciona a la perfección en esta historia.


En definitiva, Gastos incluidos es un relato de ciencia ficción demasiado cercano a la realidad. Un cortometraje que a través del humor nos muestra un forma distópica de compartir piso. Un futuro posible y no tan lejano, en el que la necesidad de supervivencia prime sobre la empatía, y donde actuemos como si las personas que nos rodean, nunca hubieran existido.

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