“Y si hacemos un corto con un caballo”, entrevista con el equipo de Flores de mármol y caballos morados

Quedamos en una cafetería al lado de la Universidad de Burgos. Allí aparecen Xoán Bregua, Sofía Sanz, Adrián Andrés y Ainhoa Roa para hablar de Flores de mármol y caballos morados, su nuevo cortometraje. Un proyecto que comenzó como un trabajo más de clase, pero que ha conseguido sobresalir y convertirse en una de las revelaciones cinematográficas de la temporada.

Flores de mármol y caballos morados nos cuenta la historia de Isidoro, una anciano ingresado en un hospital y que recibe la visita de su nieta. Esta le trae una flor de mármol, según la leyenda estas flores nunca mueren. Al verla, Isidoro recuerda su juventud en una España rural y su relación con Coco, un caballo blanco. El equipo del cortometraje se sientan en la mesa, están callados y se les nota algo nerviosos, pero comenzamos a hablar y al instante se sueltan para hablarnos sobre su película, el rodaje o sobre el futuro de su corto.

¿Cómo surge la idea de Flores de mármol y caballos morados? Ya que el cortometraje está basado en Coco un relato del escritor francés Guy de Maupassant, pero poco tiene que ver con el mismo. Apenas hay unas pinceladas de la historia.

Adrián Andrés, guionista de la película toma la palabra: “Lo primero hicimos un proceso de selección de los diferentes relatos del autor. La idea que nos puso nuestro profesor es que este año los cortometrajes tenían que hablar acerca del respeto por los demás. No seleccionamos el que más nos gustase, sino el que más estuviera acorde con el sentido de esto. Al principio, íbamos a usar otro relato, uno que hablaba de una chica que se vengaba de los hombres en el campo de batalla teniendo relaciones sexuales con ellos y pegándoles la sífilis, creo recordar. Pero un día llego Xoán y nos dijo: “Vamos a trabajar con un caballo. He leído uno que tiene un caballo que está de puta madre.””.

Xoán Bregua, director del cortometraje, se ríe mientras Adrián Andrés prosigue con la explicación: “Entonces cogimos el relato de Coco, que habla sobre un chaval que tiene una relación con un caballo. Era un relato muy frío, que un caballo donde al final acaba matándolo, por piedad, bueno no se sabe si es por piedad. Aquí yo intenté adaptar el relato a la pantalla.” Andrés nos cuenta que el cortometraje está ambientado en la España rural con un tiempo no definido. Cuenta que se fijaron en la Segunda República y en los años veinte pero que no querían determinar un año concreto y preferían que fuera más atemporal.


Coco simboliza el maltrato que sufre es uno de los puntos fuertes del guion y prácticamente es lo único que queda del relato original, pero ¿ cómo surgió la idea de las flores de mármol?

Nos explica Bregua que querían tener un elemento simbólico durante todo el cortometraje, aparte del caballo, así que decidieron decantarse por una flor. “Al principio era un clavel en el guion, pero después dimos con una flor de mármol por lo bien que parecía. Fue después cuando vimos en Internet que era una flor que no moría nunca.”, aclara Andrés.

Una de la virtudes del cortometraje es que jugáis mucho con el silencio, ¿cómo planteasteis estos silencios?

“Desde el principio planteamos un cortometraje lento. Quizás, no lento, porque no es esa la sensación que da al espectador.” responde Xoán Bregua. Nos explica que querían que el cortometraje tuviera un ritmo pausado, propio del medio rural y que encajase con la historia que querían contar.

Durante el cortometraje jugáis mucho con los contrastes: el presente contra el pasado, lo rural contra lo urbano, el padre contra el hijo. La dirección de fotografía también juega con eso, ¿cómo tomasteis la decisiones en este apartado de la película?

“Queríamos sobre todo en la parte rural fuera muy natural. Evidentemente, hay focos en todas las escenas pero no queríamos que utilizase electricidad. Cuando Isidoro entra en la cuadra queríamos que fuese con fuego, también simulamos la luz de la luna. Si que se ve un cambio de iluminación muy fuerte entre la primera escena y la última, donde al principio se ve una escena más luminosa y al final todo es mucho más pálido “, responde Ainhoa Roa, directora de fotografía del cortometraje.

La diferencia entre planos cerrados y planos abiertos nos muestran la contraposición entre la libertad que siente Isidoro y Coco al estar en el campo, y el encierro que supone la casa y la cuadra para ellos. Quizás el momento donde más se puede ver este contraste es la escena de la cena y el diálogo entre el padre y el hijo. “De alguna manera, esos tonos rojizos y la conversación entre los personajes es muy opresiva.”, explica Roa.

Las localizaciones son claves para la ambientación rural y del pasado, ¿cuál fue el proceso para elegirlas?

“Estuvimos un día entero en coche viajando por los pueblos cercanos mirando que nos podía servir y que no. En un principio, había otra escena que al final adaptamos, que iba a ser en el pueblo e iban a interactuar con gente. Al final decidí que era mejor aislarlos totalmente. Tuvimos la suerte de conseguir una casa en Melgar, que estaba aislada de todo, en medio de los campos de cultivo y eso propició un punto positivo para el corto”, explica Bregua, director del cortometraje.


En cuanto la elección de actores, ¿cómo fueron los castings?

El equipo cuenta que hicieron tres castings: uno en la Casa de la Cultura de Gamonal, otro en la facultad de Económicas y un último en la Casa de la Cultura de Gamonal. Al primero en la facultad no fue casi nadie, posiblemente por temas de localización. En el segundo fue Eduardo Espuelas, que interpreta a Isidoro. “Eduardo Espuelas me enamoró con la voz que tenía, de abuelo. Además la entonación y como modula la voz, era perfectisimo para el papel.” explica Bregua. Dicen que tampoco tenían muchas más opciones, porque fue el único actor que se presento y les encajaba con la edad.

En cuanto a Fernando Curiel, cuentan que les sorprendió mucho su actuación. “Yo no le había visto en ningún corto antes y dijo que hace muchísimo había hecho algo. Era el típico hombre de barrio que de repente llego allí con todo estudiadísimo y lo hizo perfecto. Aparte lo cogimos por el aspecto que tenía, que encajaba con el papel.” explica Bregua. El resto del equipo aclara que no querían un personaje que no fuera muy agresivo, que también tuviera cierta amabilidad y que puedas identificarte con él para evitar caer en el estereotipo.

En cuanto a Ismael Lancho, que ya ha participado en otros cortometrajes como Cuando los niños lloran y ahora está rodando Paenuria, nos cuenta que estaban buscando a un niño pero no apareció ninguno, así que decidieron cambiar el papel y adaptarlo a la edad de Lancho.

El cortometraje es un trabajo para la Universidad, ¿con qué medios habéis contado?

Dicen que la Universidad les ha dejado la pértiga y se ríen. El resto del equipo han tenido que ponerlo ellos mismos: iluminación, cámaras, gastos de producción, etc. Para financiarse han vendido camisetas y han hecho un sorteo en colaboración con Golden Garden.

Flores de mármol y caballos morados (2020) de Xoán Bregua
Papillón (Coco) junto a parte del equipo de Flores de mármol y caballos morados
¿Cómo conseguisteis el caballo?

Se ríen. Sofía Sanz, directora de arte, toma la palabra: “Claro te viene un día el director y te dice: “Oye y si hacemos un corto con un caballo” y todos: “Sí, que puede salir mal”. Claro además dice: “Pero quiero que sea blanco.”” Entre las risas de sus compañeros Xoán aclara que “preferentemente blanco”.

Sofía nos cuenta que al final fue sencillo. Ella se lo contó a su madre, que conocía a un chico que conocía a una chica que les podía dejar un caballo. Xoán y Sofía fueron a Lerma a ver el caballo, que casualmente era blanco y además estaba domesticado para tumbarse y para todo. “Fue lo que necesitamos y perfecto, el lugar también”, cuenta Sofía Sanz.

El cortometraje está ambientado en una España rural de un tiempo pasado entre los años 20 o 30, ¿cómo fue el trabajo de ambientación de vuestro cortometraje?

“El problema fue que la localización era perfecta, pero estaba vacía la casa entera. Era un punto a favor porque tenías el escenario para hacerlo como tú quisieras, pero también tenías que conseguirlo todo.”, explica Sofía Sanz, directora de arte. Tuvieron que cambiar la cocina por completo y pedir ayuda a sus abuelos y su familia para que les diesen ropa, mantas y muebles.


Ya habéis trabajado en otros cortometrajes, Xoán tiene dos cortos anteriores y habéis trabajado en varias producciones. ¿Cómo ha sido la dinámica de trabajo en Flores de mármol y caballos morados?

Nos cuentan que otros compañeros de clase han tenido problemas con sus proyectos, pero que ellos han funcionado muy bien como equipo. Además han conseguido centrarse cada uno en la función que tenían asignada en el cortometraje, cosa que en muchas de las producciones de este tipo no suele pasar. “Se ve reflejado en el corto que nos hemos conseguido complementar todos super bien”, recalca Sanz.

¿Cuál ha sido la parte más complicada del rodaje Flores de mármol y caballos morados?

Todos coinciden en que la parte más complicada fue la última escena en la que sale el caballo. “Si el caballo no se tumbaba, no teníamos la escena. Además estaba muy cansado porque llevábamos machacándole mucho tiempo. Claro, teníamos que hacerlo con la cámara cenital , colgando de arriba”, responde Roa. Bregua y Sanz explican que la cámara estaba colgada con unas cuerdas, que no sabían si estaba grabando o no y además no podían ver bien el encuadre. “Fue tirarnos un triple” recalca Bregua.

Pequeño spoiler, al final les salió bien.

Flores de mármol y caballos morados (2020) de Xoán Bregua
Equipo de Flores de mármol y caballos morados rodando una escena
Sin hacer spoilers, el cortometraje tiene un giro final que sirve para hablarnos sobre la violencia de género. ¿Creéis que hemos avanzado como sociedad?

“Está claro que hemos avanzado como sociedad, pero hay mucho trabajo aún por hacer. Hay que visibilizarlo más porque está claro que hay una parte de la sociedad que aún no lo acaba de entender. Obviamente, hemos avanzando desde 1920, pero sigue habiendo violencia de género.” responde Roa.

Adrían Andrés aclara que: “El espacio, al no estar cronológicamente muy bien definido, hace que estemos ante una historia universal. El maltrato como la violencia es algo que no va a desaparecer nunca, es algo intrínseco del animal y del ser humano. “

Flores de mármol y caballos morados ha tenido una gran acogida por parte del público, ¿qué esperáis de vuestro cortometraje para el futuro?

“Moverlo por festivales todo lo que se pueda”, responde Sanz. Bregua dice que han tenido algunos problemas menores con el sonido que les gustaría arreglar antes de mandarlo a festivales. También que quieren hacerlo lo más visible posible y que lo pueda disfrutar el mayor número de personas.

Terminamos la entrevista, salimos del bar y nos despedimos. No sé que les deparará el futuro, pero parece prometedor. Ver cortometrajes con está calidad a nivel estudiantil siempre es una buena señal. Parte del equipo ya está trabajando en nuevos proyectos con La Huella del Panda, colectivo audiovisual burgalés. Si quieres saber más sobre Flores de mármol y caballo morados, puedes encontrar toda la información en las redes sociales del cortometraje.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Acepto la Política de privacidad