Santiago Carmona, director de Cuando los niños lloran: “En Burgos hay muchísimo potencial.”

Santiago Carmona hace un parón de la reunión de su último proyecto, Paenuria, para atendernos. Está nervioso porque esta semana se estrena su próximo cortometraje, Cuando los niños lloran, pero sus ganas de hacer cine le hacen continuar trabajando en nuevos proyectos en Burgos. Mientras parte del equipo de La Huella del Panda rueda una entrevista para el material adicional del DVD, Carmona se sienta con nosotros para hablar de su nueva película, pero también sobre sus nuevos proyectos, de la situación del cine en Burgos y del futuro de La Huella del Panda.


Habéis estrenado Cuando los niños lloran. ¿Cómo surge el proyecto?

Surge desde una clase de la universidad de primero de carrera: teoría de la imagen. Teníamos que hacer un tráiler falso y, claro, yo quería hacer un tráiler de terror. Siempre había querido hacer un terror fantástico de un mundo postapocalíptico, pero no quería hacer lo típico de zombis, criaturas del espacio… entonces pensé en darle una vuelta y enfocarme en algo mucho más humano y personal, como la maternidad. Un mundo postapocalíptico en el que, básicamente, unas criaturas obligan a los humanos a copular como animales de granja convirtiéndose en animales de cría como los cerdos o las vacas en nuestra actualidad. Los humanos pasan a ser eso, simplemente ganado.

En La Huella del Panda estáis adquiriendo una notoriedad en la ciudad. ¿Cómo ves el mundo audiovisual en el ámbito local y provincial?

Aquí hay gente que quiere hacer muchísimas cosas. En Burgos hay muchísimo potencial. Un potencial actoral muy bueno, por ejemplo. Hay muchos actores y actrices que tienen muchas ganas de salir adelante.

Luego producciones pues sí, lamentablemente son muy pocas y por eso yo creo que La Huella del Panda está generando cierto reconocimiento y cierta novedad, aparte de lo que hacen los alumnos de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Burgos: los cortometrajes, los tráilers… que siempre están de un lado para otro.

Equipo de La Huella del Panda durante el rodaje de Cuando los niños lloran
Equipo de La Huella del Panda durante el rodaje de Cuando los niños lloran

La Huella del Panda se mete un poco más allá en todo. Quiero decir, hemos cerrado una calle, hemos grabado en la morgue, hemos estrenado ya dos veces en el cine; el año pasado en El arte de lo grotesco, este año con Cuando los niños lloran. De lo que nos hemos dado cuenta es que la gente, aunque sean de la morgue, están emocionados por estas cosas, están abiertos a permitir que se hagan películas, que se hagan productos audiovisuales de calidad. ¿Qué pasa? Que falta una organización. Falta un grupo de personas que, como nosotros, se pueda organizar e intenten aportar algo.

Burgos tiene mucha historia cinematográfica; el cementerio de Sad Hill, por ejemplo, o Frías. Sé que en Frías se han grabado varias tomas para películas medievales, porque es un pueblo medieval muy cinematográfico. También en mayo se va a grabar Trece exorcismos, que es la nueva película del director de Malasaña 32. Entonces, si que es verdad que tiene potencial, solamente hace falta organizarse y explotarlo.

¿Cómo planteáis cada proyecto desde la idea inicial hasta la difusión una vez grabado el cortometraje?

En La Huella del Panda somos mucha gente y hay muchas personas que también hacen sus guiones, ahora mismo sobre la mesa hay cuatro proyectos, pero te voy a hablar un poco desde mi perspectiva, desde los que escribo yo. Suelen ser complejos porque son proyectos que requieren mucha disponibilidad de personas y muchos desafíos a nivel técnico.

Mi primer cortometraje con La Huella del Panda fue El arte de lo grotesco y lo primero que tuvimos que hacer fue pedirle permiso al Ayuntamiento de Burgos para hacer una hoguera en Fuentes Blancas y encontrar a cuatro personas que se desnudaran de noche en noviembre a bailar. Más tarde en Cuando los niños lloran tuvimos que generar la sensación de un mundo postapocalíptico.

Entonces, ¿cómo hacemos nosotros una idea compleja? La tratamos de sintetizar a nuestros recursos, a lo que nosotros somos capaces de hacer, pero sin perder la esencia. Es decir, no podemos hacer muchos planos generales porque no hay recursos para montar toda una escenografía. Pues vamos a los primeros planos, jugamos con los claroscuros, con las sombras…

Cuando los niños lloran, escena del cortometraje
Fotograma de Cuando los niños lloran (2020) de Santiago Carmona

Luego, en nivel de difusión, lo que siempre hacemos a partir de nuestras redes sociales es generar un poco de spam (risas) masivo. Y en festivales; inscribirnos en festivales nacionales, internacionales. La prensa de Burgos nos ha dado mucho apoyo porque somos unos pesados y mandamos notas de prensa a todos los periódicos y diarios. Entonces esta es como nuestra organización, desde mi punto de vista.

Tenemos una idea que en principio es compleja, la sintetizamos, la adaptamos a nuestros recursos, la grabamos, damos mucha publicidad en redes y contactamos con los medios locales y lo mandamos a festivales nacionales e internacionales a ver si hay suerte.


¿Cómo se ha financiado el proyecto y con qué dificultades os encontrasteis?

Es muy curioso porque Cuando los niños lloran es una coproducción con Déjalo Fluir, de la que Andrés Velayos es miembro fundador. El año pasado él me comentó que quería hacer un proyecto audiovisual para mostrar; algo que tener para la gente y para venderse también él mismo. Fue a las proyecciones de todos los cortometrajes y también e a la nuestra, la de El arte de lo grotesco. Luego se reunió conmigo y me dijo que le había gustado mucho y que veía que teníamos potencial y que quería invertir.

Entonces así fue como encontramos la financiación porque básicamente nos pusieron 1000 euros, de los cuales todo el dinero fue destinado a equipo de arte y pagar actores y yo creo que hacia falta reservar un montón para distribución. Y claro, el problema que hubo respecto a eso: que el corto, si te pones a hacer un esquema de producción realmente no cuesta 1000 euros. Realmente este corto costaría 22000 o 23000 euros entonces, nuevamente, tuvimos que buscar la forma de sintetizar las cosas y adaptarnos.

Los demonios, pues no podíamos hacer los demonios que teníamos pensados en un principio: extravagantes, grandes… Tuvimos que idearnos la forma de que aparecieran en la oscuridad con las manos y las garras. Las localizaciones buscamos la forma de que todas nos las cedieran gratis para gastar todo el dinero en la sangre falsa y en la barriga de embarazada. El principal problema que tuvimos fue que para que rindiera ese dinero, en lugar de seis días de rodaje, que era lo lógico para un proyecto de estas magnitudes, lo condensamos todo en cuatro sesiones.

Fotograma de Cuando los niños lloran (2020) de Santiago Carmona

El último día de rodaje dejamos nueve escenas para grabar. Se nos juntó todo, fue muy estresante, yo incluso me mareé. Tuve que ponerme a descansar media hora antes de seguir. Incluso hubo un momento del día, porque tuvimos problemas de sonido con el viento, porque era muy fuerte y ni siquiera el gato muerto lo opacaba, en el que yo pensé “no vamos a llegar, no sé qué vamos a hacer, pero no vamos a grabar todas las escenas”. Pero, finalmente, creo que todo el equipo sintió la necesidad de sacarlo adelante, porque todo lo demás era brutal. La idea era terminar a las once y terminamos a las doce y media o una de la mañana, pero a pesar de esos inconvenientes lo pudimos hacer.

Ya tienes cierta experiencia previa en la grabación de cortometrajes, con El arte de lo grotesco, por ejemplo. ¿Cómo evoluciona la experiencia?

A ver, yo empecé en Colombia. Seriamente empecé con un proyecto llamado Insomnia porque antes mi primer cortometraje no ha visto la luz (risas), no va a ver la luz. Porque era ese momento en el que estás jugueteando, en el que lo ves todo superguay. Tienes una cámara en tus manos, es la primera vez que te enfrentas a pensar en planos. Ahora mismo me salen mucho más natural, pero al comenzar era como traducir un lenguaje literario en un lenguaje cinematográfico que son puros planos. Salió algo sin más.

Ya mi proyecto más serio en Colombia fue Insomnia, que ya me puse incluso con temas de preproducción, que no me había puesto en el primero; aprendí un poco de eso de ser productor, de tirarme un mes y medio haciendo máscaras, consiguiendo material, cerrando localizaciones. Salió algo que estoy muy orgulloso de ello. De hecho, en Medellín se estrenó en el canal de televisión regional. Pero aquí en Burgos es donde más he aprendido porque con La Huella del Panda nos hemos puesto retos cada vez más exigentes.

El reto de El arte de lo grotesco era “vamos a hacer una hoguera en Fuentes Blancas” y vamos a convertir un trabajo de la asignatura de arte en algo que podamos enseñar y que sea un poco más profesional. Nos lo tomamos más en serio desde el tema de iluminación hasta el tema de dirección de arte… ¿Qué pasa? Que también, yo por lo menos, era bastante inexperto en el tema organizativo y El arte de lo grotesco fue un rodaje muy extenuante porque igual un día nos pasábamos dieciséis horas grabando. En esa parte fallé porque apenas estábamos empezando a organizarnos.

Luego con Meriem, que es el cortometraje de José Donis, que va a salir el tráiler pronto, ¿cuál era el reto? Cortar una calle de Burgos y grabar en una morgue. ¿Y cuál era el otro reto? Mejorar nuestra organización. Porque ya era una morgue; una morgue te dice “te damos de cuatro a siete”. Ahí ya no te puedes pasar de tiempo porque tienes que irte, es un lugar muy serio. Nosotros teníamos que comportarnos serios y queríamos que nos tuviesen en cuenta, entonces ahí nos metimos caña. Cortar una calle también era bastante serio porque estaba la policía. La policía nos cortó el puente de un lado y de otro. También teníamos que darnos prisa porque teníamos un horario, ahí aprendimos más sobre producción y organización.

Y en Cuando los niños lloran aprendimos, sobre todo, la importancia de trabajar con los actores antes, a hacer ensayos. Yo creo que todas estas cositas, que igual no te las enseñan en ningún sitio, si no que las tienes que aprender tú con la experiencia. Ahora, igual, puedo decir “puedo enfrentarme a este rodaje y no me enfrento con miedo” porque más o menos ya he resuelto otras cosas que eran más difíciles que esta en particular.

Cuando los niños lloran trata, a mi juicio, la traición y la desconfianza. ¿Cómo y por qué eliges este tema?

Es lo que te decía. Quería hacer un terror de la vieja usanza, serie B, 1980, 1990, de cuando se puso de moda, básicamente. Postapocalíptico. Pero ¿cómo le daba una vuelta? Pues convirtiendo esa serie B en algo un poco más posmoderno. ¿Y qué trata el terror posmoderno hoy en día? Trata al sujeto.

Hereditary y Midsommar de Ari Aster lo que tratan es el terror desde un punto de vista casi ontológico, es decir, el ser. Lo que existe para el ser y lo que importa para el ser. Entonces en Cuando los niños lloran lo que intenté fue “sí, hay un elemento importante de terror que son unas criaturas que te están persiguiendo por el bosque”, pero realmente las criaturas aparecen muy poco. Lo que importa, lo que yo quise transmitir en el corto era lo que estaba sintiendo la protagonista, Sofía, porque pasa de momentos de esperanza a momentos de desolación increíbles.

Por otra parte, la desconfianza. Quería explorar que la naturaleza humana se basa en emociones muy negativas cuando se lleva al extremo. Emociones como la desconfianza, la individualidad, querer sobrevivir por encima de cualquier cosa, el “lo que vale soy yo y no me importas tú”, que es lo que demuestra el personaje de Tomás. Y también me he metido un poco con el tema de la moralidad, porque en este mundo ¿qué moralidad existe?

Cuando los niños lloran, escena del cortometraje con Ismael Lancho
Ismael Lancho, Tomás en Cuando los niños lloran (2020) de Santiago Carmona

Sin embargo, hay personajes que se siguen comportando con ciertos tipos de moral. Por ejemplo, Sofía sigue siendo un personaje muy moral a pesar de que se muestra fuerte ante la situación que está viviendo. Muy moral en cuanto a “no le puedes pegar a este chico que nos está dando una esperanza”. Muy moral en cuanto a que lo que le importa sobre todo es proteger a su hijo y que salgan todos con vida más que ella misma. Una moral como “tradicional”. Entonces tenía que explorar un poco los matices de cada personaje más que los elementos sobrenaturales, que son importantes y están, pero yo creo que lo que lo transmite son los personajes.


¿Cuál es el aspecto principal en el que pones más cuidado a la hora de escribir y dirigir?

A la hora de escribir me gusta mucho investigar los nombres, para mí es muy importante que signifiquen o que se relacionen con la personalidad que tiene el personaje. Ahora mismo no me acuerdo muy bien y creo que voy a decir una estupidez, pero el personaje de Tomás, por ejemplo, cuando le puse ese nombre, había investigado y anteriormente significaba guerrero, pero al que no había que tenerle mucha confianza. No se cómo definirlo bien porque no lo tengo muy fresco, pero para mí los nombres son muy importantes.

Además si puedo, aunque muchas veces no lo consigo, generar ciertas referencias al cine que siempre he consumido, una especie de pequeña cartita de amor a lo que he visto. Por ejemplo, en El arte de lo grotesco, una referencia muy importante fue Eyes Wide Shut de Stanley Kubrick y que gracias a esa película se guió la iluminación de El arte de lo grotesco.

En Cuando los niños lloran una referencia muy importante fue la primera temporada de The Walking Dead por el tema postapocalíptico de los bosques, aunque no sea de zombis. También hay una referencia a Goodnight Mommy, una película austriaca de terror, cuando Miriam está caminando por el bosque de noche asustada. Es una referencia a unos planos que ellos hicieron de un personaje que se va desnudando y camina por el bosque.

A la hora de dirigir lo que más me importa es la relación con los actores; la confianza. Porque yo creo que, en una escena, para que salga bien, para que se sienta natural, para que el espectador no la vea forzada, se tiene que generar un cierto vínculo entre los actores y tú estás de por medio para que se forje. En los ensayos tú estás para propiciar ese vínculo y para mí eso es muy importante.

Santiago Carmona junto a Ismael Lancho, Carmen Valle, María Antón y Sergio García, protagonista de Cuando los niños lloran
Santiago Carmona hablando con los actores protagonistas

Tras estas palabras Santiago Carmona se despide, amable y risueño como siempre. Inmediatamente después se pone a trabajar de nuevo con su equipo, siempre con esa hiperactividad y alegría que le caracteriza. Se le ve contento y entusiasmado, y es normal, tanto él como su equipo han conseguido llenar la capital burgalesa de cine.