’Alumbramiento’ de Víctor Erice, la lucha del individuo contra el tiempo

Alumbramiento de Víctor Erice es un cortometraje perteneciente a la antología fílmica Ten Minutes Older. Este proyecto es un homenaje al cortometraje homónimo de 1978 dirigido por Herz Frank. Rodado en un único plano de diez minutos, muestra los rostros de unos niños mientras ven un teatro de marionetas. Durante el escaso metraje del film, Frank consigue representar todas las emociones que vivirá un ser humano a lo largo de su vida.


El productor Nicolas McClintock concibió Ten Minutes Older como homenaje a este corto, consiguiendo que varios cineastas de todo el mundo reflexionaran sobre su concepción del tiempo. Para ello, se establecieron las siguientes normas: las películas debían durar diez minutos y en ellas tenía que aparecer un reloj al menos una vez. Directores como Aki Kaurismäki, Spike Lee, Bernardo Bertolucci o Jean-Luc Godard fueron algunos de los los encargados de la creación de estas pequeñas piezas.

Víctor Erice participó en esta antología con Alumbramiento. Esta propuesta estaba hecha por y para Erice, pues el tiempo es un actor principal que marca el devenir de las historias y los personajes. Por ejemplo, en su segunda cinta El sur (1983), la nostalgia y la idea del pasado son el eje principal sobre el que se construye la historia. También en El sol del membrillo (1992), magnífico documental que muestra a Antonio López tratando de pintar un membrillo, y como el paso del tiempo cambia la luz, la forma y el color del propio fruto.

Alumbramiento (2002) de Víctor Erice

Un bebé y su madre duermen. Todo está en calma, pero del vientre del bebe brota una marcha de sangre. La vida continúa imparable bajo el ritmo de una máquina de coser, el sonido de las hoces al segar o una gota de agua que cae en un barreño. Las imágenes de una mujer tendiendo la ropa, de una niña columpiándose o de una pájaro comiendo un fruto se entremezclan con las del bebé durmiendo, mientras la sangre se extiende poco a poco.

Alumbramiento habla sobre la lucha constante del individuo contra el tiempo. Una lucha que comienza en el mismo instante en el que nacemos y a la que nos enfrentamos a cada momento de nuestra vida. Con imágenes en blanco y negro de una gran belleza visual y poética, Erice nos presenta estos momentos cotidianos que sirven como alegorías del paso del tiempo: una señor jugando al solitario, unos niños que juegan a ser adultos o las manzanas que caen de los árboles forman parte de este poema visual.

Luisín, el bebe, sigue dormido y no se despertará hasta que un gato negro se acerque a su cuna y la zarandee, haciéndolo llorar. Todas las generaciones, desde niños a ancianos, se reúnen para ver como se salva al vida al recién llegado. El tiempo se ha parado durante un momento, la vida ha vencido a la muerte, pero solo por esta vez, pues la vida continúa en el siguiente instante.

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